Los obreros tienen un valor precioso para Dios

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 “Recorría Jesús todas las ciudades y aldeas, enseñando en las sinagogas de ellos, y predicando el evangelio del reino, y sanando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo. Y al ver las multitudes, tuvo compasión de ellas; porque estaban desamparadas y dispersas como ovejas que no tienen pastor. Entonces dijo a sus discípulos: A la verdad la mies es mucha, mas los obreros pocos. Rogad, pues, al Señor de la mies, que envíe obreros a su mies.” (Mateo 9:35-38)

Mies es el nombre que se daba antiguamente a un campo de cereales o a una gran extensión de tierra cultivada. El Señor Jesús utilizó esa figura para mostrar la necesidad de que los trabajadores cosechen los frutos espirituales del gran campo, que es el mundo.

El obrero cristiano es aquel que, una vez habiendo conocido al Señor Jesucristo, se pone a disposición de la Iglesia para trabajar en pos de la cosecha espiritual. Él trabaja en la iglesia voluntariamente y, de una forma u otra, se empeña en contribuir para la evangelización y conversión de las personas al Señor Jesucristo.

Arrancando las almas de las manos del diablo

Cuando el Señor Jesús murió y resucitó. “Fue al infierno y arrancó de las manos del diablo la llave de la muerte. Todos los que hacemos la obra hacemos algo parecido: arrancamos las almas de las manos del diablo. En ese hecho, citado en el Nuevo Testamento, ningún demonio pudo tocar al Señor Jesús, pues Él tenía el Espíritu Santo. Si la persona hace la Obra de Dios y no tiene ese Espíritu, tarde o temprano, va a caer.

Todo aquel que desea ser un obrero debe apuntar a los frutos del Espíritu Santo en su vida y, después, a los dones del Espíritu Santo. Los frutos son más importantes que los dones, inclusive porque lo más significativo para Dios es lo que somos, no lo que hacemos. Hacer la obra de Dios es algo muy serio. Se trata de un trabajo que puede compararse a una verdadera guerra, con la diferencia de que el enemigo es espiritual. Por esa razón, el obrero necesita estar preparado, revestido de la armadura de Dios.

No precipitarse también es algo muy importante, principalmente para aquellos que están preparándose para hacer la Obra. Las cosas de Dios suceden en el tiempo justo. Por eso, aquel que hace su parte, en el momento adecuado, Dios lo llamará.

Más allá de los requisitos presentados anteriormente, no está demás decir que, el obrero debe ser aquella persona que está siempre preocupada por el bienestar de las personas que frecuentan la iglesia.

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