CUMPLIENDO NUESTRO LLAMADO

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Semanalmente dedicamos horas de nuestra vida a favor de ganar almas. Lo que
para nosotros consiste en una honra, pues lo hacemos voluntariamente como una ofrenda para Dios.
Pero, ¿cómo perfeccionarnos para que Él pueda contar con nosotros en toda y cualquier situación, enviándonos personas y conduciéndolas a nuestro cuidado?

Sabemos que, si no hubiese miembros y visitantes, nuestro trabajo como obreros no sería necesario. Podemos tener innumerables experiencias con Dios, pero si no hubiera a quien transmitírselas, ¿qué valor tendrían?

Si una persona llega hasta nosotros y no se siente acogida, bien recibida…acaba yéndose sin darse cuenta del manantial que hay en ese lugar. Este es uno de los motivos por los que debemos ser siempre cordiales y gentiles, aptos para orientar y en el Espíritu, para que Dios pueda guiar nuestras palabras de forma que, así como sucedió con nosotros, su alma sea tocada.

Algunas formas de atender bien es cuidando nuestra vida espiritual, estando en comunión, en el temor, a fin de cuentas fuimos escogidos por Él como un canal de comunicación que conduce a las personas a vivir en el día a día como hijas de Dios; sea en el momento de la recepción o de la orientación, debemos ponernos en el lugar de la persona y no hablar según lo que pensamos, sino según nuestras experiencias con Dios, transmitiéndole, más allá de informaciones, el Espíritu Santo que habita en nosotros, así la conduciremos al comienzo de una vida propia con Él. Ayudarla a verse y a alinear sus ideas a las de Dios. Si la persona ha sido emotiva, muéstrele a través de la Palabra un ejemplo de fe, de alguien que venció a las emociones y que, al permanecer en alianza con Él, superó los problemas. Así también sucederá con quien hace lo mismo.

Cada persona es única, por lo tanto, solamente orientando de acuerdo con los pensamientos de Dios seremos útiles en el proceso de liberación y encuentro de ella con Dios; actuemos en espíritu de forma que superemos las expectativas que tenemos incluso a nuestro respecto.

Y, cuando estemos en un día de aquellos, cansados, nerviosos, con el TPM, basta recordar que estamos allí porque nos propusimos servir a Dios, y Él cuenta con nosotros para que aquellas personas se sientan como si estuviesen en su casa, siendo acogidas de forma que noten Su presencia y salgan con el deseo de volver y encontrar la paz nuevamente.

Debemos cumplir nuestro llamado teniendo consideración, cuidando, concediendo nuestro tiempo y brindando atención a cada miembro y/o visitante de nuestra Iglesia. Él nos usará.

Gislene Xavier

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