Vigilia de las Bodas del Cordero

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“Ser obrero es una honra de Dios, ¡un privilegio!

Hay muchos privilegios que Dios nos da, el primero es la Salvación y el segundo es poder servirlo.”

Con esas palabras y una oración, el viernes 24 de noviembre a la medianoche, el obispo Francisco dio la bienvenida a todos los siervos que colmaban el Templo de la Fe y que habían concurrido después de un largo día de trabajo o estudio para participar en el cambio de vestidura que se realizaría en la vigilia de las bodas del Cordero, la noche del cambio de Jacob a Israel.

Antes de comenzar con su mensaje, el señor obispo Claudio Le entregó a Dios la conducción de todo lo que iba a suceder en la vigilia para la que todos se habían preparado durante un mes.

El obispo reflexionó acerca de que lo más difícil es hacer que el obrero permanezca en la fe, guardando su corazón, sin prostituirse, sin practicar el pecado hasta el último respiro, y dijo que muchos hoy están en la situación de la dracma perdida.

“La dracma se había perdido adentro de la casa. La dracma perdida es la primera etapa de la oveja perdida. Las dracmas perdidas son las personas que están adentro de la iglesia pensando que están salvas y no lo están, que comenzaron muy bien en la fe, pero que se desanimaron, se enfriaron.

Pueden estar incluso vistiendo el uniforme de obreros, pero ya no leen la Biblia, no oran, no ayunan, no priorizan a las cosas de Dios como antes. Poco a poco despertaron en ellas la malicia, los malos ojos y ya no permanecen en el Altar.

Dios le trajo aquí esta noche para salvar su alma, y usted no va a salir de aquí en la misma situación”, continuó.

El señor obispo siguió predicando sobre el engaño de Jacob a su padre Isaac al hacerse pasar por Esaú, y dijo que, incluso en su ofrenda, Jacob había sido mentiroso, engañador.

“Dios quiere hacer de usted la propia bendición.

Pero para eso, usted debe tomar la decisión de divorciarse del Jacob que hay en su interior, dejar de ser quien es, dejar de estar vestido del engaño, tener una nueva identidad, estar vestido de Israel.

Usted será la bendición cuando se desnude de Jacob, cuando se desnude de esa persona que ha sido y tome la decisión de casarse con Dios y Él lo convierta en Israel.

Esta será una Noche de Nupcias con el Espíritu Santo, pero para que los novios tengan su noche de nupcias, tienen que desnudarse. El Espíritu Santo solo entrará en su vida si usted se desnuda de Jacob, Dios no quiere que usted sea Jacob, sino Israel. ¡Porque Él quiere que usted sea la propia bendición!”

Después el obispo invitó a todos a que se quedaran a solas con Dios como Jacob lo había hecho:

“La noche de nupcias comienza cuando los novios se quedan a solas.

Para que el Espíritu Santo penetre en su vida usted tiene que quedarse a solas con Dios y en Su total dependencia, ¡tiene que casarse con Dios!”

Todos los presentes subieron al Altar para participar del cuerpo y la sangre de Cristo, y hacer un pacto de por vida con Dios. Se colocaron la vestidura y recibieron la unción con nardo, para tener en este mundo el aroma de Israel.

El obispo determinó: “Dios hará de usted la bendición y después el Espíritu Santo penetrará en su vida.”

La madrugada finalizó con el derramamiento del Espíritu Santo sobre todos los presentes.

Todos, unidos en un mismo Espíritu, Le agradecieron a Dios por haber estado durante una madrugada entera en Su presencia y por el privilegio de servirlo.

 

 

 

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