UN ALMA LIBRE HABITA AL ABRIGO DEL ALTÍSIMO

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Por medio del Salmo 91 el Espíritu Santo nos dice claramente que podemos ser lo que deseemos, el fracaso, las intemperies de la vida, las circunstancias que se nos presentan no pueden quebrantarnos, pues nuestra alma es libre, en la medida en la que habitamos al abrigo del Altísimo.

Provistos de perseverancia dominamos el tiempo en la certeza de que Él les dio órdenes a Sus ángeles a nuestro respecto, usamos la confianza al ver a personas que conocemos cayendo en la desesperación y a miles de desconocidos siendo quebrantados y tomando actitudes impensadas en la vida, pero nuestra alma no es alcanzada porque permanecemos llenos de confianza.

Nuestro estado de espíritu condice con nuestras acciones y oraciones.
Seguimos adelante porque Él nos honrará.

Somos libres para abrir caminos frente a la crisis y así alcanzamos nuestras metas, sin preocuparnos por si el camino es largo y si el trayecto es arduo.

En el auge de nuestra victoria sabremos que llegamos allí porque no caminamos solos, sino que permitimos que nuestra alma se levantara por no haberle prestado atención a lo que nuestros ojos contemplaban, y por enfocarnos en lo que la voz del Espíritu Santo tenía para decirnos.

Él de hecho retuvo el comando de nuestras vidas.

Es así como practicamos el Salmo 91, amando al Señor con empeño conocemos Su nombre y pasamos a tener intimidad con lo que es eterno.

Como hijos fijamos los pensamientos en las palabras del Padre, habitamos en Su morada, debajo de Su protección. Somos hombres libres, nuestra mente se ocupa con lo que es productivo y creativo, pasamos a vivir intensamente, las circunstancias ya no controlan más nuestro estado interior, adoptamos un modo de vida sobrenatural y de un valor inestimable.

Gislene Xavier

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