Vigilar: ¡El centinela de la fe!


soldado

Sin ella, es imposible que el ser humano cruce las nubes y llegue al Trono de Dios, porque es con ella que invadimos el infierno en rescate de las almas que están allí. La fe también se convierte en un escudo capaz de protegernos de todas las embestidas satánicas.

Este vehículo tan valioso debe blindarse, para que nuestros enemigos no logren atacarnos. Sabemos que el material utilizado para blindar un vehículo común es el acero, pero ¿cuál es el material que podemos utilizar para blindar nuestra fe?

Vigilar. Este es el material. Este es el centinela que permanece 24 horas por día de guardia en las 5 puertas donde el diablo puede ingresar.

No hay nada en este mundo más valioso, más sublime, más glorioso que nuestra fe, porque es el tesoro encontrado en un terreno accidentado llamado mundo. Exactamente porque ella es el único vehículo que nos conduce a la Salvación.

“Estén ceñidos vuestros lomos, y vuestras lámparas encendidas; y vosotros sed semejantes a hombres que aguardan a que su señor regrese de las bodas, para que cuando llegue y llame, le abran en seguida. Bienaventurados aquellos siervos a los cuales su señor, cuando venga, halle velando; de cierto os digo que se ceñirá, y hará que se sienten a la mesa, y vendrá a servirles.” Lucas 12:35-37

El hecho de vigilar filtra la puerta de la mente, para que los pensamientos diabólicos no puedan ingresar a nuestro ser. Colosenses 3:2

Al vigilar filtramos lo que miramos, para que no caigamos por la codicia. Génesis 3:6. Cuando vigilamos también filtramos lo que escuchamos, para que solo escuchemos y le prestemos atención a lo que edifica. Proverbios 28:9

Al vigilar filtramos lo que decimos, para que solamente podamos confesar victorias y no derrotas, fe y no dudas. Mateo 12:36-37

Al vigilar filtramos lo que ingresa al corazón, para que el diablo no logre entrar a través de sentimientos y emociones que nos debilitan y hacen que perdamos nuestra Salvación. Proverbios 4:23

Es por ello por lo que el Señor Jesús ubicó al hecho de vigilar en primer lugar, incluso antes de la oración, cuando trabamos una guerra contra las falanges espirituales del infierno. Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil. Mateo 26:41

Obreros y obreras, vigilemos, para que no caigamos en tentación.

Que Dios los bendiga. Obispo Sergio Corrêa

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