18º Día del Ayuno de Daniel

pato

El Patito feo

Conozco muy bien el significado literal de “patito feo”. Viví eso en la adolescencia, entre compañeros de la escuela, en el trabajo e incluso en la iglesia donde conocí a mi Señor y Salvador.

Gracias a Dios por mi origen sencillo y de clase media baja. Si no hubiera sido así, quién sabe dónde estaría.

Conocí los sinsabores de la falta de muchas cosas. En contrapartida, conocí los valores de la vida humilde, especialmente cuando se trataba de la dignidad de la palabra empeñada. Mis padres fueron mis héroes en este mundo.

Más tarde, eso me ayudó mucho a creer en la Palabra de Dios. Si yo ya valoraba la palabra empeñada de mis padres, incluso siendo humanos que podían equivocarse, imagínese la Palabra que salió de la boca de Dios.

Hoy, al ver a personas mal vestidas, sufridas, víctimas de injusticia y abandonadas, me acuerdo de mi pasado.

Yo no me vestía mal, pues mis padres nunca nos dejaron faltar lo necesario para nuestra educación.

Pero, en honor a la verdad, solo me sentía realmente humano y no un patito feo cuando estaba en casa.

Digo esto por usted, amigo mío, que siente la soledad y el abandono.

En este instante, tal vez usted se sienta ignorado, vacío, triste y sin contención.

Jesús vino para personas como usted y como yo: los “patitos feos” de la vida. Personas sencillas, perdidas y, sobre todo, humildes de espíritu.

Él me encontró y, de hecho, lo ha encontrado a usted en este exacto momento.

Ni sé por qué le estoy enviando estas líneas.

Pero creo que Su Espíritu me tocó y ahora me usa para tocarlo a usted.

No importa lo que usted hizo o dejó de hacer; no importa su carreta de pecados, ni mucho menos su pasado triste y vacío. No importa lo que los demás piensan de usted…

Lo que realmente importa es lo que Él piensa de usted.

Él lo ama y le demuestra eso ahora, al envolver su ser.

Sepa esto: ¡Él acaba de encontrarlo a usted, ahora!

Mientras usted está leyendo este texto, el Espíritu de Jesús hace que caiga por tierra el peso de sus

culpas, acusaciones, pecados o pasado.

Sus pensamientos cambian, su vacío se llena.

Nace un nuevo día para usted. La tristeza le da lugar a la alegría y, en este momento, usted no sabe si

llora o se ríe.

Algo fuerte toma posesión de su interior. Lo que sucede es que el Espíritu Santo está operando una nueva

vida en usted.

¡Gracias a Dios!

Bienvenido a la familia de Dios.

Fuente: Blog Obispo Macedo.

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