El Jardinero de nuestras almas

Cuando dejamos que Dios sea nuestro Jardinero, recibimos Su primoroso cuidado

jardinero

Un lindo jardín siempre tiene un buen cuidador. El jardinero tiene que ser alguien que no tenga pereza, porque todos los días tendrá un trabajo duro por delante.

También debe ser detallista, para tener la capacidad de observar y darle a cada planta, individualmente, lo que necesita.

Algunas necesitan ser podadas, otras necesitan mucho sol y otras solo necesitan sombra. Hay plantas a las que les gusta recibir poca agua y a otras les gusta recibir mucha…

Las podas duelen, pero son necesarias para favorecer el crecimiento y el fruto. La que se queda sin poda, permanece “hermosa” por un tiempo, pero infructífera hasta marchitarse.

El Jardinero de nuestras almas también respeta las estaciones y nos ajusta para vivir cada etapa de nuestras vidas. Cuando llega el invierno del sufrimiento, Él tiene una protección especial.

Ah, Dios incluso limpia las “malezas graciosas”, pero que no son más que hierbas dañinas que crecen a nuestro alrededor. Si se Lo permitimos, Dios también pulveriza a las pulgas y a las plagas que devastan plantaciones enteras.

En fin, no sabemos cuidarnos solos, por eso Lo necesitamos tanto al Jardinero, que nos conoce mejor que nosotros mismos.

Sin embargo, la elección siempre es nuestra. Nosotros decidimos si seremos un jardín de buenos frutos o de maleza y fracaso.

Núbia Siqueira

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